Astilleros desaparecidos donde aún quedaba capacidad para desaparecer, navieras fragmentadas, absorbidas, fletes bajos, explotaciones offshore bajo mínimos, grandes cantidades de buques del mercado offshore y de los dedicados al transporte de contenedores amarrados mientras aumentaba considerablemente el gigantismo en las nuevas unidades y en los contratos de nueva construcción de éstos últimos, desempleo masivo, especialmente en la industria de la construcción naval del Extremo Oriente (la industria europea ya hace tiempo que sobrevive rácamente mientras allá donde nace el sol se aplica toda clase de respiración asistida para que no acaben como Europa). Sólo el segmento de la construcción y la explotación de buques de crucero escapa de ese escenario oscuro.
Está siendo un ciclo de una longitud inusitada en el que el mundo occidental, muy especialmente, parece estar saliendo.
La inversión en buques nuevos probablemente acabará duplicando la que se registró en 2016, y el volumen de contratación en sus diversas medidas también se recupera. Paralelamente, la cartera de pedidos mundial alcanza su nivel más bajo de la última década, mientras las relaciones entre las flotas existentes y las carteras de pedidos actuales alcanzan comparativamente una relación que impulsa a un moderado optimismo sobre las reposiciones y consecuentemente sobre el incremento de actividad.
Parece, por las indicaciones de los informes económico que circulan por el mundo, que uno, aunque no el único, de los factores que empujan el crecimiento económico hacia arriba en esta salida de la crisis, es el consumo; obviamente un fuerte tirón del consumo impacta directamente en el tráfico y el transporte marítimo y más aún cuando se trata del consumo de productos manufacturados.
Es cierto que hay signos de recuperación pero en este nuevo renacer ¿quién estará en condiciones de dominar el mercado? Será aquel que acierte con las nuevas tecnologías (relacionadas con la descarbonización en la propulsión y nuevas tecnologías referidas a los combustibles y a los sistemas de propulsión, con el convenio internacional sobre el tratamiento del agua de lastre, el uso de la IA, de la impresión 3D, las tecnologías block-Chain aplicables, y otras).
El artículo al completo lo encontrarás en el nº 965 (enero 2018) accediendo desde este enlace. Recuerda que debes estar suscrito a nuestra publicación para acceder a contenidos exclusivos, por tan sólo 70 €/mes y si eres estudiante por la mitad.
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